jueves, 28 de febrero de 2013

Las Lecturas del Yermo: “La civilización del espectáculo” de Mario Vargas Llosa




Saludos afectuosos, lectores, cactus y arbustos rodantes que acostumbran pasar por este yermo. Minutos antes de que termine febrero, me quedo aquí un momento junto a ustedes para hablarles de la que fue mi lectura central de esta sección del calendario.

Porque en la variedad está el gusto, este mes dejé un ratito de lado la ficción y me entregué a la lectura de otro género que, aunque también disfruto mucho, por esas cosas de la vida (y mi calidad de lectora desordenada y aleatoria) no frecuento demasiado, y es el ensayo.

Sin más preámbulos, les cuento qué tal estuvo xD


martes, 26 de febrero de 2013

Jugar a las cartas (Y seguir trabajando en una novela pese a un bloqueo temporal)




En el post de la semana pasada les hablé de una técnica muy simple que podría serles útil para ir haciéndose de una reserva de ideas para futuros cuentos u otras piezas literarias. Hoy, tal como les adelantaba en esa misma entrada, les traigo otra propuesta artesanal que me ha servido para ciertos momentos de crisis con alguna de las novelas en las que he trabajado a lo largo de mi vida (ninguna de las cuales he considerado aún digna de ver la luz pública, por cierto; con suerte se aventurará más allá de mi monitor la que estoy escribiendo ahora).

El martes pasado les decía que mantengo mis reservas hacia el concepto de bloqueo literario, al menos, así como suelen pintarlo: un instante de nulidad absoluta donde nada razonable puede escribirse sobre la página en blanco. Como les decía entonces, si no termino o no escribo mis cuentos es más que nada haraganería, porque siempre tengo ideas, por lo menos ideas de dudosa calidad.

Pero la novela es un terreno diferente: me pasa y con frecuencia que me encuentro en un grave atascamiento. Al llegar a un determinado punto de la historia no veo con claridad cómo debería seguir, a pesar de tener una estructura básica de la trama (u outlining como le dicen en inglés y que será tema de otro post, oportunamente). En esos casos sí puede ocurrir que me quede mirando como colgada al cursor mientras titila sin ser capaz de agregar una palabra útil a los capítulos redactados.

Una vez más, no acepto que esa situación pueda ser considerada un “bloqueo literario”. Es solo que mi cerebro necesita tiempo para resolver los problemas que plantea la trama. A veces más, a veces menos, lo cierto es que mi cabeza “anda por su cabeza” –como suele decirse de quienes hacen las cosas a su manera y sin rendir mucha cuenta de sus actos– y no tiene demasiado sentido apurarla.

¿Y qué hacer mientras tanto? Una de las mejores opciones es seguir trabajando en esa misma novela


martes, 19 de febrero de 2013

Encontrar ese cactus con mucho potencial (Dos estrategias básicas para obtener ideas para escribir)




Hemos hablado mucho de cuestiones abstractas en el blog durante los últimos tiempos, así que me parece justo y necesario que hoy bajemos de las nubes y nos pongamos a trabajar. 

El tema del post de la semana pasada era aprovechar todos los momentos para llevar a cabo nuestra labor de escritores, sacándole el jugo incluso a esos instantes aparentemente inútiles del día para desarrollar en nuestra mente las ideas que luego nos sentaríamos a escribir.

Pero… ¿y las ideas? O_O

martes, 12 de febrero de 2013

Cabalgar y escribir (O los dos momentos básicos de la escritura)




Bienvenidos de vuelta, lectores, arbustos rodantes y cactus, reciban mi saludo afectuoso con estas letras, y el del forajido Nabetse con el siempre adorable dibujo de la semana (que hoy viene recargado, pues hace referencia a otro que es parte de un proyecto al que le tenemos mucho cariño y pueden ver completo aquí XD). 

Tal como les había comentado en el último post, el de hoy tratará sobre dos de los momentos primordiales de la escritura, al menos desde mi siempre discutible punto de vista. Porque en realidad si observamos todo el proceso de desarrollo de una obra literaria desde su nacimiento como idea hasta su culminación (es decir, hasta ese momento en que el autor dice “bueno, hasta aquí llegué con esto”), hay muchas más etapas que las dos a mencionarse hoy aquí, y que habremos de ver sin duda más adelante, a lo largo de nuestro deambular por este yermo de vocaciones complicadas. 

Estuve un poco afuera de todo esta semana, incluso de la escritura si consideramos como tal exclusivamente el momento de sentarnos a poner las palabras como ladrillos en el papel o el procesador de textos para construir nuestros mundos de ficción. Pero las tareas que me tuvieron ocupada durante la primera parte de la semana y la enfermedad que me tiene todavía confinada cual amenaza biológica me llevaron a reflexionar aún más en el tema de hoy. Porque como ni siquiera me sentía con las fuerzas suficientes para sentarme frente a la pc todo lo que me quedaba era imaginar determinadas situaciones protagonizadas por los personajes de la historia en la que estoy trabajando, durante los breves instantes que pasaba despierta primero y después, ya más recuperada, mientras guardaba reposo y evitaba cosas como ver películas o la TV para no causarme dolores de cabeza. 

Seguí escribiendo, quiero decir, solo que de otra forma :)


martes, 5 de febrero de 2013

En el silencio del yermo (O sobre pasar tiempo en nuestro mundo interior)




Mis vacaciones del trabajo han sido esta vez un poco diferentes. En los años anteriores siempre implicaba un viaje a algún país limítrofe y todos los preparativos correspondientes. Este año, por motivos que oscilaban entre la indecisión y la posibilidad de un viaje futuro más interesante, decidimos quedarnos en casa. Así que mis merecidos días de ocio consisten en dormir con generosidad, comer cosas ricas (léase: un tour gastronómico por mis lugares favoritos de Asunción), estar con mi gente querida, pasear perezosamente por la ciudad ocupándome de tareas pendientes menores, perder tiempo en internet, leer y escribir.

Es decir, la felicidad n__n

Como regalo extra, esta maravillosa y despreocupada rutina me ha permitido volver a gozar de uno de los placeres favoritos de mi niñez y adolescencia, que la velocidad y el apuro de la vida adulta me obligaron a dejármelo bien guardado en el cajón de “cosas que hacer cuando tenga tiempo”, sin darme cuenta.

Algo tan simple y genial como estar tirada en mi cama, con los ojos abiertos, imaginando cosas.