martes, 28 de mayo de 2013

El desierto de la memoria (Sobre lo leído y olvidado)






















Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
Límites - Jorge Luis Borges


Díganme si se han encontrado con frecuencia lamentando lo rápido que determinados recuerdos abandonan el desierto de sus memorias y yo les diré que en este post encontrarán un espacio de comprensión. Porque eso me pasa constantemente, reducida aún más la fugaz vida de dichos recuerdos como consecuencia de la abundancia de estímulos a la que uno (queriéndolo o no) se ve sometido en estos tiempos que ya ni corren sino que huyen.

Muchas veces he mirado con cierta tristeza los estantes donde viven mis libros tratando de arañar algunos detalles que complementen ese saber que me gustaron, lo cual, muchas veces y tras unos pocos años, es casi lo único que me queda de la experiencia de haberlos leído.

Esa situación que he sufrido siempre en silencio como quien se considera afectado por una extraña enfermedad me ha llevado a cuestionarme si de verdad había disfrutado de aquellas lecturas o solo era alguien haciendo un esfuerzo por tratar de mantenerse en el lado supuestamente inteligente de la vida. Siempre consideré que no soy ni la mitad de la lectora que debería, considerando mis aspiraciones de escribir historias de buena calidad algún día, y me pregunté cómo podría aumentar mi volumen de lectura si ni siquiera era capaz de recordar lo poco que venía leyendo por ahora.

En algunos casos permanecían conmigo algunos personajes, determinadas locaciones o una ruinosa reconstrucción de los hechos de la trama. Pero en otros se habían ido hasta los nombres de los protagonistas y no quedaba de ellos más que un rasgo, un mechón de cabello blanco como único recuerdo de una saga de varios tomos.

Y aunque duela reconocerlo les digo que ante esta situación me pregunté varias veces cómo alguien así podría soñar con convertirse en escritora. ¿Acaso estaba destinada por mi incapacidad de retener historias al infame y penoso destino de reducirme a televidente de programas de chismes o reality shows, cuestiones olvidables desde el vamos?

¿Cómo puede alguien tan desmemoriada querer nada más y nada menos que formar parte de ese selecto grupo de hombres y mujeres que escribieron con sus plumas parte de la memoria fantástica de la humanidad?

La verdad sea dicha, no tengo una respuesta para esta pregunta. Pero lo que vine a contarles hoy es que encontré en mis paseos por la web un artículo que me reconfortó el alma.

No era yo la única mala lectora que andaba por la vida con una memoria que se deshojaba.



martes, 21 de mayo de 2013

Polvareda y magia (Observamos algunos elementos que pueden hacer brillar la narrativa)


















Just like an old man, I play my lonely song
Just like an old man, I play to get along
I got my own style, you got your own style
Dusty Men - Saule (lyrics) feat Charlie Winston


En mi plan de colaborar con el proceso de ustedes de escribir los cuentos que planean presentar a alguno de estos concursos, hoy los saludo desde el yermo con un ejercicio bastante sencillo que puede serles de utilidad, y en el cual nos pondremos un poco en el papel del mago enmascarado ese que salía en la tele y revelaba cómo se hacían los trucos de magia. Gran cortamambo en verdad el personaje, pero díganme ustedes si no se sentían algo así como más sabios y con más “mundo” después de conocer los “secretos”. Yo sí, aun cuando cinco minutos después volviera a olvidarlo todo e –involuntariamente– recuperara el placer de no entender nada de magia.

Este tema de contar historias es parecido. Si bien el arte es personal y el hecho de que se destaque depende de innumerables factores, existen ciertos trucos que pueden servir para que la magia sea más impresionante y toda la estructura narrativa funcione como un mecanismo de relojería. Recuerden que yo no soy la David Copperfield del tema (creo que eso sonó a la década anterior y agradezcan que no mencioné a Sigfrid y Roy), sino apenas alguien que todavía está tratando de entender cómo hacen los niños en el semáforo el truco del agua, pero que disfruta de compartir sus experiencias en medio de la polvareda de este yermo.

De tanto leer material de escritores yanquis (donde escribir puede llegar a ser una profesión redituable y por tanto es encarada con mucho más profesionalismo [y mucho como un negocio también]) se me fueron grabando en la cabeza algunos elementos, detalles y otras cosas que no necesariamente deben tomarse como reglas, sino como materiales de construcción que pueden ser usados según el gusto y plan de cada uno. Lo simpático es que cuando ese conocimiento finalmente se queda en la mente, uno es como el mago que conoce los trucos de sus colegas. Y lo mejor es que esto no lo hace aburrido, todo lo contrario: con más razón se es capaz de valorar cuando las cosas están bien hechas.

En posts anteriores hemos tocado ya algunos de los elementos que vamos a ver ahora. Pero como observar a estos elementos en acción es más divertido que hablar de ellos a nivel teórico, quiero que vean el videoclip que les dejo aquí abajo, el cual les va a contar una historia perfecta en menos de 3 minutos y medio. Y les cuento que ni siquiera hace falta la letra de la música (aunque pillé que le queda muy bien cuando la leí… Bueno, la parte que podía entender >_<) 




Ahora que lo vieron le van a encontrar el sentido al dibujo XD y también podemos adentrarnos de lleno en nuestro tema del día.


martes, 14 de mayo de 2013

¡Peligro de derrumbe! (Esos momentos en los que todo parece caernos encima)



























Por supuesto, cuando nos encontramos en momentos así lo que termina más aplastado es nuestro ya de por sí compacto tiempo destinado a escribir.

En determinadas fechas es más tolerable, sobre todo porque ya lo vemos venir (por ejemplo, durante las fiestas de fin de año o los períodos de exámenes si uno es todavía estudiante). Pero también nos pasa en épocas que no tendrían por qué ser así. De repente, sin entender cómo ni por qué, nos vemos envueltos en una maraña de actividades o tareas que caen como piedras en nuestra agenda y nos dejan mirando impotentes cómo se nos van las horas sin poder agregar un párrafo a nuestros pobres escritos, condenados a juntar polvo virtual en un oscuro rincón de la carpeta “Mis documentos”.

Elegir el camino del escritor (del artista en general) tiene su grado de complicación ‒siempre lo decimos‒, sobre todo cuando la necesidad de dedicarse a otra actividad que asegure el sustento es prácticamente ineludible (como es mi caso >_<). Por eso, no dudo de que les será familiar esta situación de querer mantenerse aunque sea a las corridas en ese camino, aun cuando las otras actividades amenacen con pasarle por encima a uno.


martes, 7 de mayo de 2013

Más concursos (Actualizamos el post de la semana pasada)

Gracias a algunas amistades que también son escritores/as, encontré dos concursos más que tengo el agrado de agregar a los tres que había compartido con ustedes en el post de la semana pasada. Para hacerlo más ordenado preferí agregarlos en esa misma entrada, así que no dejen de pasar por ahí para ver las novedades.

Uno está dirigido a niños y adolescentes y el otro plantea cuestiones muy novedosas que tienen que ver con la interacción del texto con otros elementos.

¡Adelante, Cazarrecompensas! ¬-(o_Ó)