jueves, 27 de febrero de 2014

No importa cuántas veces caiga (O sobre cuán difícil es cumplir los objetivos que uno se propone)



Hola Amigos del Yermo, ¿cómo están?

Casi sin darnos cuenta, estamos ya terminando el segundo mes del año y es un buen momento para hacer una revisión –antes de que llegue diciembre otra vez y nos pongamos a llorar sobre la leche derramada– de cómo nos estamos portando con respecto a los objetivos que nos hemos propuesto a fines del año pasado/comienzos de este, y que estaban destinados a ser como la brújula que orientara nuestro andar hacia las grandes metas que vamos eligiendo para nuestras vidas. 

¿Quieren saber cómo me ha ido hasta ahora a mí? Tal como ven en el simpático dibujo de hoy. Las tareas que me propongo cumplir consistentemente a fin de convertirme en un ser más productivo con respecto a mi escritura terminan siempre convertidas en ese indómito caballo salvaje sobre el cual mi voluntad es incapaz de mantener el equilibrio.

Y cuando, así como ahora, me doy cuenta de que estoy de nuevo tirada en el piso, solo me queda sacudirme el polvo de la caída y tratar de ponerme en pie una vez más. 

Pero antes de intentarlo de nuevo, revisemos brevemente la crónica de una caída anunciada. 


Las fórmulas, recomendaciones y consejos que siempre andan por ahí

Era el 2 de enero de 2014 cuando encontré un desafío de año nuevo propuesto por uno de los blogs para escritores que sigo. La consigna, a grandes rasgos, consistía en escribir 500 palabras por día, todos los días, durante ese primer mes del año. Con toda la mejor intención del mundo, el autor del blog enumeraba las ventajas de cumplir con dicha tarea y lo que se alcanzaría en números, al terminar el mes, si uno se ajustaba a lo indicado. Incluso se armó un grupo de Facebook donde se compartían cosas para motivar a la gente a cumplir con las 500 palabras y donde los participantes del desafío hablaban de su experiencia.

Puestos a analizarlo, 500 palabras no es demasiado. Desde el "Hola" de este post hasta esta línea, pueden contarse ya más de 300 palabras, es decir más de la mitad de lo propuesto en el desafío. Obviamente, fallar también estaba permitido y ni siquiera se exigía recuperar lo que no se hizo, sino solo retomarlo y seguir adelante. No era, como ven, tan difícil.

¿Quieren saber cuándo desistí del desafío? Mi último intento de alcanzar las 500 palabras diarias data del 4 de enero. Dos días, hasta ahí llegué. Del grupo de Facebook tardé un poco más en salir porque me daba fiaca buscar cómo eliminarme, pero allá por el 15 también lo hice. No necesitaba ser parte de algo parecido a "Escritores Anónimos" recordándome constantemente mi largo historial de recaídas en el vicio de procrastinar y mi continuo fracaso en los intentos de ser más productiva con respecto a aquello que considero –supuestamente, podemos decir y no sin un dejo de malicia– valioso e importante.


Una búsqueda infinita

Lo que tuvo de interesante este desistimiento en comparación a las miles de ocasiones en que anteriormente he desistido de algo fue que consistió en una decisión deliberada y consciente. Al segundo día me di cuenta de que aquello me resultaba una verdadera tortura, que se volvía todavía más dolorosa cuando analizaba los resultados de someterme a ella. Sientiéndome por completo estancada en el proceso de mi novela y seca de sustancia para desarrollar ideas de cuentos, todo lo que escribía carecía, desde mi punto de vista, de valor alguno. Luchar contra todo eso me parecía una pérdida de un precioso tiempo que podía aprovechar... durmiendo. Así que llegué a la conclusión que tratar de cumplir con ese desafío no era útil para mí, al menos, no en ese momento.

Muchas cosas pueden decirse sobre estos temas y millones de consejos nos han dejado los grandes escritores sobre situaciones similares. Que hay que escribir todos los días, que hay que escribir aunque uno no tenga ganas, aunque sienta que no le sale nada, que por lo menos hay que garabatear en una hoja aún cuando ese día uno no logre conectar dos palabras, que hay que escribir así como sale y después arreglarlo, que hay que anotar las ideas. Y también están quienes recomiendan todo lo contrario.

En medio de este camino a través de la oscuridad que es el proceso de crear, lo normal es tratar de poner a prueba alguna de estas técnicas, pasar a la siguiente si no funciona, irse al otro extremo porque si esto tampoco funciona capaz sea todo lo contrario. Buscar una luz que nos oriente hacia ese norte que es, en sí mismo, una constante duda, una pregunta que posiblemente no podremos responder siquiera al final. Y en esta búsqueda lo normal es también fallar constantemente.


Y comenzar de nuevo, comenzar de nuevo, comenzar de nuevo...

Porque como en las cosas importantes de la vida, en este tema de crear arte tampoco hay reglas absolutas ni tácticas que funcionen para todo el mundo. El camino de cada persona a través de la creación será, al igual que su vida, un camino de autodescubrimiento que no terminará siquiera a las puertas de la muerte.

Y este camino de autodescubrimiento implicará una adaptación constante a los cambios que traerán las diferentes etapas de la vida. Así que no se preocupen: cuando finalmente encuentren algo que les funcione se hallarán a las puertas de una nueva etapa y tendrán que calibrar todo de nuevo.

En mi caso, esta adaptación a las responsabilidades de la vida me hace sentir que tengo cada vez más cosas que hacer, más sueño y menos tiempo, pero sigo siendo incapaz de decir que ya no intentaré subirme al caballo salvaje de mis metas y domarlo. Cada pequeño fracaso revela una arista de mi persona que quizás hasta ese momento estaba escondida o que incluso es nueva, consecuencia de ese devenir constante que es la existencia.

Y creo que allí está lo más emocionante de todo: si el camino escogido fuera sencillo, simétrico y esquemático no habría tanto para observar y convertirlo en material para nuestro arte.

Así que mientras están tirados en el piso sintiendo cómo se forman los moretones mi única recomendación es que lo disfruten y aprovechen para conocerse un poco más. Así cuando se levantan para intentarlo de nuevo ya se habrán convertido en personas más fuertes.

(>_<)/


PD 1: Para que vean que esta Forajida escritora no es TAN poco cumplidora de sus metas, les cuento que por lo menos he logrado una de las que me propuse a comienzos de 2014. Así, a finales de febrero, puedo decir que me he recuperado de los excesos gastronómicos de las fiestas de fin de año y mis pantalones de siempre ya no me quedan como un chorizo mal cargado xD Pero... ¡pero!... Como todo, esa es recién la primera etapa del proceso. Ahora resta mantenerse en equilibrio sobre ese inquieto caballo durante todo el año... y después durante toda la vida... Una pavada, como se darán cuenta (O_O)/

PD 2: En el dibujo de hoy, tenemos el gusto de presentarles a un nuevo personaje. La verdad es que todavía no sabemos cómo se llama la abejita azul que me observa con curiosidad ni cual es su función en la vida y en el yermo, pero ahí está. Incluso podría ser un mero producto de mi imaginación, a consecuencia de la caída y el golpe (>_<) Ya lo iremos viendo.

PD 3: Otro de los objetivos que estoy incumpliendo –como lo habrán notado– es volver a ser regular y más productiva con los post del blog. Pero sigo intentándolo, ténganlo por seguro (>_<)/ ¿Se acuerdan de la serie del año pasado sobre los personajes? Bueno, quiero preparar algo así, bien útil, para seguir aportando al proceso de creación de la gente. Ya tengo la idea de sobre qué va a ser, así que quédense atentos, porque nos vamos a meter en el esqueleto de la escritura ;)

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