El domingo por la tarde, al Forajido Nabetse no se le ocurrió nada mejor que agregar otro ítem a mi ya de por sí extensa lista de cosas-que-no-tengo-mucho-tiempo-libre-para-hacer.
Si me leyeron en ocasiones anteriores estarán al tanto de mi afición por los videojuegos –que no es lo mismo que decir “mi talento para los videojuegos” u__u–, actividad que hasta ese día encaraba como el lector que disfruta en soledad de sus títulos favoritos, dedicándome netamente a las campañas individuales de los juegos. A la “historia”, como suele decirse. Pero las cosas cambian y el progreso nos pone frente a opciones que antes simplemente no considerábamos. Aprovechando la nueva conexión a internet que instalamos en casa –con wi-fi y todo llegó el siglo XXI al Yermo– decidimos probar el multiplayer online de mi juego favorito, Red Dead Redemption.
Así que nos embarcamos a la aventura de recorrer online la vasta y salvaje frontera de los EEUU y México, allá a principios de 1900.







