Bienvenidos otra vez al yermo, como suele decirles mi compañera forajida. Como la semana pasada ella ya me envió al frente y comprometió mi participación, aquí estoy, dejando por un momento de ser el personaje oscuro y misterioso de este blog, para sentarme con ustedes bajo el cielo estrellado y conversar un rato. Porque yo soy de esa clase de hombres rudos que tienen honor (hasta en el Red Dead Redemption XD) y por eso cumpliré la palabra empeñada.
Mi especialidad, ya lo habrán notado, es la expresión gráfica más que la escrita. Pero hoy voy a abrir el baúl de recuerdos que guardo en mi cabeza para hablarles de uno de los rasgos que más me ha marcado, al menos hasta este momento de mi camino, y que es el de haber aprendido a hacer todo lo que ustedes ven con los medios que tenía a mi alcance. Esos mismos medios que están al alcance de todos ustedes.
¿Y cuál es el objetivo de contarles esto que voy a compartir en breve? Ahora me explico. Pero antes les hago una pregunta: ¿Alguna vez se dijeron cosas como “si tuviera dinero/tiempo/talento me inscribiría en tal curso/haría tal cosa/me compraría tal herramienta”? ¿Sí? Bueno, no se preocupen. Todos nos decimos siempre este tipo de cosas, aunque en el fondo sabemos que no son correctas.
No son correctas. El elemento más importante que necesitamos no es tiempo/dinero/talento (porque esas tres cosas siempre nos parecerán insuficientes, cosa de la naturaleza humana). Lo más importante son las ganas de hacer algo. Y comprometernos con esas ganas y trabajar duro para lograrlo. Hoy les voy a contar mi historia para que ustedes entiendan que tienen todo lo que les hace falta para hacer lo que yo hago. Y mucho más.






