Y cuando digo “en cualquier parte” no me refiero solamente a la ubicación física de uno cuando lee, sino a los diferentes medios y lenguajes a los cuales se puede recurrir en la insaciable búsqueda de historias.
El viernes decidí dedicar “un tiempito” a esa otra actividad que tanto me gusta y muchas veces dejo de lado por priorizar mi vocación de escribir: los videojuegos. Sin darme cuenta, se activó mi modo maniático y cuando decidí parar porque ya estaba “un poco cansada” eran las cinco de la madrugada y había jugado como nueve horas de seguido. Empecé y casi terminé un juego de una sola sentada.
Acepto que no todo el mundo comprenda mi pasión por los videojuegos y que hasta se pregunten por qué hablo de algo como esto en un blog que tiene por objetivo ser un espacio de diálogo –sí, gente, la idea es que ustedes también participen >_< – sobre todo lo que rodea la tarea de escribir.
Pues precisamente por eso: cualquier experiencia narrativa de calidad constituye un aporte fundamental para todo aquel que desea contar sus propias historias, no importa si ella venga cabalgando en letras o en bits. Diferentes lenguajes, eso es todo, pero el mismo fuego adentro cuando se hacen bien las cosas.







