¡Feliz Año Nuevo para todos los amigos de los forajidos! Hoy estamos otra vez a las puertas de una nueva vuelta del calendario y, con ello, ante la oportunidad de renovarnos, refrescarnos y redirigir el rumbo de nuestras monturas. O no. Porque quizás lo que debemos hacer es espolear a los ariscos caballos de nuestra fuerza de voluntad hasta tomar cierta velocidad y luego sostener las riendas con firmeza para mantenerla. Enseguida entenderán de qué estamos hablando.
El 2012 fue para nosotros un año de nuevos e importantes (re)comienzos (la publicación del primer libro donde yo figuro como autora, la primera participación del forajido Nabetse en una exposición colectiva de ilustradores y el inicio del proyecto de este blog bastan como ejemplos) y el 2013 se presenta como un año donde lo mejor que podemos hacer es consolidarnos en nuestras respectivas vocaciones, a las cuales ya desde hace un tiempo estamos tratando de imprimirle más fuerza y profesionalismo.
Para el post de hoy se me ocurrió (originalísima yo, u___u) que sería interesante delinear una lista de propósitos u objetivos que me servirían para encarar esta tarea de la consolidación como escritora, hasta que de repente miré al costado de mi monitor y vi un papelito azul, pegado al gabinete de mi computadora con los bonitos imanes que hizo el forajido Nabetse para promocionar su página de dibujos.
En ese papelito había escrito, en algún momento indefinido del año que pasó, una serie de objetivos que trataría de cumplir con la finalidad de desarrollar mejor mi tarea de escribir. Entre ellos se contaban, por ejemplo, escribir 3500 palabras por semana, limitar mis paseos por las redes sociales a los martes y jueves (soy crédula, eh), ver al menos una película a la semana, mantenerme siempre leyendo al menos un libro de ficción y otro sobre el oficio de escribir, actualizar el blog una vez por semana… Al ver ese papelito supe que no era necesario escribir ninguna lista de propósitos, ellos ya estaban allí. Desde hace un buen tiempo.
Lo que ahora necesitaba era poner en ejecución el plan.







